ATREVERSE A EQUIVOCARSE PARA SOBREVIVIR

Santiago Macías H*

Ser empresario en estos tiempos se ha vuelto un deporte extremo. Prácticamente todo en la empresa es incertidumbre, desde si podré trabajar normalmente hasta qué ocurrirá con mis clientes y proveedores, pasando por las decisiones y ocurrencias del presidente.

Es difícil planear así y sabemos bien que si no se hace es difícil que la empresa sea rentable. Sin embargo, igual que usted señor empresario estamos todos, la incertidumbre es general. ¿Qué hacer entonces?

Lo primero, y más importante en estos tiempos, es permitir equivocarnos. Hablo con muchos empresarios como consultor y una de las reacciones más frecuentes que encuentro es la parálisis por análisis; esto es, frente a la incertidumbre que rodea al empresario y su empresa, el dueño dispone no decidir y deja que la empresa continúe con su inercia, haciendo las cosas como siempre se han hecho.

Al platicar con él sobre el por qué no toma decisiones, la respuesta es frecuentemente la misma: no tengo información confiable, no se qué va a pasar y así es muy fácil equivocarme, y no quiero poner en riesgo la ya de por si complicada situación de la empresa.

Déjeme decirle algo señor empresario, si todo cambió y usted no lo hace, lo más probable es que quede fuera del juego (que deje de ser competitivo). Es necesario, diría yo indispensable, que tome acciones pronto y no solo reaccionado a lo que le impone el mercado sino adelantándose y reinventando su empresa, productos, formas de venta, manera de trabajar, de hacer publicidad y sus criterios financieros. Todo lo que pueda cambiar ¡hágalo!

Una de las causas que frena a los empresarios en este cambio, es el temor de estar equivocado. Sin embargo, en cada momento del tiempo, cada vez que hemos decidido algo, estábamos equivocados, a veces mucho y en otras ocasiones poco, pero siempre hemos visto, en retrospectiva, que podría haberse hecho mejor y que teníamos la información para realizarlo.

Y, sin embargo, nuestra empresa existe, paga sus salarios, impuestos y nos ha dado para vivir a veces por muchos años o, inclusive, por generaciones. A pesar de que hemos cometido errores y estado equivocados muchas veces, es gracias a éstos y a tomar conciencia de ellos -a corregirlos y no repetirlos-, que logramos que nuestra empresa sea lo que es hoy: una fuente de ingresos y satisfacción para muchos trabajadores, socios, proveedores y un largo etcétera. A eso se le llama madurar, crecer como persona y empresa.

Michael Jordan, probablemente el mejor basquetbolista de la historia dijo: “He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos, 26 veces han confiado en mi para tomar el tiro que ganara el juego y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida, y gracia a eso es por lo que tengo éxito”.

Los logros de una empresa (y el crecimiento personal de un individuo) es un proceso iterativo. Cada día me arriesgo y tomo decisiones, algunas correctas otras equivocadas, pero gracias a todas ellas y al aprendizaje que como persona y como organización logramos, es que sobrevivimos y nos desarrollamos.

En tiempos de grandes retos, hacen falta enormes cambios. Atrévase a hacerlos. No estará seguro de que son los correctos, pero crea en sí mismo, en su experiencia, habilidad, capacidad de estar atento a los resultados y hacer los ajustes necesarios a tiempo para que su empresa siga siendo competitiva.

Crea en sus trabajadores, empleados y compañeros de aventura en esta gran tarea de mantener y hacer crecer su empresa. Ellos son los primeros que quieren que a la empresa le vaya bien, saben que si pierden su empleo será difícil conseguir otro.

No trate de encontrar la respuesta correcta, solo busque una y tome acciones con ella, y poco a poco vaya corrigiendo y perfeccionando su organización. Si se obsesiona con decidir lo “correcto” lo más probable es que no haga nada y todos sabemos que no decidir es también una decisión y que eso, en estos tiempos, seguramente debilitará a su organización.

En estos momentos de incertidumbre, es indispensable que el líder de la empresa reconozca su papel y permita que su equipo participe y colabore activamente en el desarrollo del negocio.

El líder debe proponer y definir, con su personal, como debemos responder ante estos retos extraordinarios. Todo en la empresa está sujeto a revisión y cambios; toda modificación externa puede cambiar todo lo interno en consecuencia. Debemos buscar y establecer las ventajas que explotarán para sustentar su competitividad. La definición correcta de estas ventajas debe tomar en cuenta el entorno, los competidores, las características de la propia empresa pero, sobre todo, lo que el mercado demanda.

La tarea del líder es guiar, motivar y dar confianza sobre el hoy y el mañana. Debe definir las metas; alcanzables pero ambiciosas, así como reconocer el esfuerzo de todos en su justa dimensión y hacerlo público.

Recordemos que el compromiso del equipo nace de compartir objetivos, que se logra cuando el personal se siente involucrado. Para lograrlo debemos escucharlos, permitirles tomar decisiones, dar espacios para su desarrollo, promover su coordinación con ellos y, finalmente, limitar su propio espacio a aquellos en donde la colectividad no puede encontrar una solución por sí misma.

El líder guía la organización, pero no debe frenarla ni restringirla en términos de su creatividad o su desarrollo. Limitarse a sí mismo es una tarea muy difícil para el líder. El máximo responsable de una organización tiende a imponer su punto de vista, su voluntad. Cuando actuamos así, no cumplimos con el papel de liderazgo. Igualmente, cuando decide no aporta guías o soluciones, tampoco es un líder; es, en el mejor de los casos, un coordinador.

En tiempos de incertidumbre, cuando a todos nos motiva el mismo fin, la sobrevivencia de la empresa es fundamental, dar confianza y escuchar a los colaboradores. Recuerde que muchas mentes juntas piensan mejor que una sola y que la idea que salve a su organización puede provenir de cualquiera.

Hoy más que nunca la falta de un líder puede causar dificultades: el personal no tiene confianza en la organización (y, por tanto, no entrega su máximo esfuerzo) ya que sabe que cuando se requiera al “jefe”, este no va a reaccionar.

Recuerde que el principal papel de un líder es tomar decisiones. Es su responsabilidad dar un claro sentido de dirección, así como propiciar que sus colaboradores sean creativos y comprometidos, capaces de proponer y ejecutar soluciones adecuadas. Recuerde que usted llegará más lejos si cuenta con el apoyo real de gente capaz.

Hoy, con un futuro incierto y un entorno que cambia todos los días, nada substituye su experiencia y la de sus empleados; úsela, permítase equivocarse y esté atento para corregir. Solo sobrevivirán los peces que sean capaces de nadar en estas aguas turbulentas.

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