LA SOSTENIBILIDAD EN LA MODA ¿UN MUNDO COLOR DE ROSA?

Por Mireille Acquart
Sustainable Fashion Business Analyst & Planner
Ethical Fashion Space Founder Director
@mireille_acquart / @ethicalfashionspace


Nunca antes las actividades económicas habían sido tan polémicas como hoy en día. Por esta razón las actividades de las Industrias Textil y de la Moda han tomado un papel principal en la agenda global. Esto ha dado pie a demostrar que existen formas más eficientes, responsables y también redituables –sostenibles– para la producción y comercialización de sus bienes y servicios. Sin embargo, su avance y aplicabilidad se enfrenta a un problema epistemológico: un fanatismo teórico y un discurso romántico de la sostenibilidad aplicada a la moda.


Durante gran parte del 2020 diversos temas alrededor de la gestión de los recursos naturales, la emergencia climática y su relación con la salud planetaria, humana y su impacto económico cobraron fuerza en algunos ámbitos empresariales, así como en el ecosistema emprendedor y en el de las organizaciones civiles. No obstante, lo interesante de ello no ha sido sólo el alcance mediático sino el tipo de discurso.

Si bien es cierto que “el ruido” acerca de la sostenibilidad ha puesto de manifiesto el interés y necesidad de ubicar a ésta en el centro de la discusión social, cultural, política y económica en todos los países; su aplicabilidad y credibilidad se ha visto mermada por la falta de consenso sobre su significado, sus alcances y las personas que lideran en este ámbito.

¿Es la sostenibilidad la opción para el desarrollo de la industria, así como como una estrategia favorable y benéfica para la salud social y del planeta?  O ¿es una mera estrategia mercadológica para mantenerse vigente ante los consumidores?

¿Son las medianas y grandes empresas líderes del greenwashing, mientras que las start-ups y pequeñas empresas poseedoras de la verdad absoluta acerca de ser social y ambientalmente responsables?

La sostenibilidad aplicada no es blanco o negro. Existe una escala de grises en cuanto a las acciones en cada dimensión primaria de la misma: desde la social, la ambiental y la económica; hasta sus dimensiones complementarias, como la técnica -tecnológica, la organizativa, y aquella ligada a la comunicación y mercadotecnia, etc. Es en esta última donde se difunden mensajes referentes, por una parte, a acciones a favor de la eficiencia de recursos, de la reducción de residuos y emisiones, de la utilización de insumos inocuos a la salud humana y planetaria, del uso de energías renovables y adopción de sistemas regenerativos y circulares; y por otra,  mensajes referentes a sistemas de reparto equitativo de beneficios, valoración de los recursos culturales, desarrollo de capacidades humanas; así como de respeto y protección de derechos humanos, entre otros.

A pesar de estos esfuerzos en comunicación de la sosteniblidad, el discurso que ha imperado en gran parte del ecosistema emprendedor, de diversas organizaciones e incluso de la academia, ha sido principalmente más romántico al estilo de los años sesentas y setentas, en donde el uso de los materiales naturales o llamados “sostenibles”, o de colecciones pequeñas era considerado el epítome de la sostenibilidad en la moda. Citando a Michael Stanley-Jones, cosecretario de la Alianza de las Naciones Unidas para la Moda Sostenible para el Periódico digital El Español en 2019:

“La promesa de usar solo fibras sostenibles es para celebrar, pero todavía no he visto qué significa exactamente eso y qué se considera fibra sostenible.”

Bajo la anterior premisa, la llamada “moda sostenible” pareciera que todavía vive en un mundo color de rosa y que fuera de éste las acciones y esfuerzos de gran escala viven en el lado oscuro, donde todo podría ser tomado como greenwashing o una mera estrategia mercadológica para mantenerse vigentes ante los consumidores.

Pero ¿qué no la razón de ser de toda actividad económica, llámese empleo, auto – empleo, emprendimiento y empresa, es ser redituable? Lograr el Desarrollo Sostenible requiere de pasos pequeños, grandes y de diversas índoles. Requiere estrategias corto placistas y mercadológicas como método de motivación para el cambio, pero también largo placistas y no tan mercadológicas que puedan crear cambios sistémicos… “Roma no se hizo en un día”, dice un famoso dicho y la sostenibilidad tampoco tiene una fórmula mágica que transforme en automático un sistema, sus políticas y procesos por otros, ni una forma de pensar o actuar por otra. Es todo un proceso de transición que requiere esfuerzos teóricos, pero más aún, prácticos; y definitivamente, la visibilidad de los resultados serán la suma de la unión de fuerzas y no de división de las mismas.

Es necesario dejar de hablar de moda sostenible versus la moda convencional, de dividir en el bando de los “buenos y malos”. Es urgente distinguir prácticas dañinas, pero más importante dirigir los esfuerzos al análisis de soluciones y alternativas. Precisamos dejar de ver sólo el lado verde y romántico de la sostenibilidad. Ya no es momento de hablar, sino de hacer sostenibles –ambientalmente responsables, socialmente solidarias y económicamente justas- a las Industrias Textil y la de la Moda.

¡Que tu voz destruya para construir y no sólo para destruir!