ES HORA DE TEJER FINO

Por el Ing. Jean Flouret

Una vez más, el mercado se impone. Hay que encontrar la forma de ajustarnos a los nuevos requerimientos, a la “nueva realidad”.

Varios de los retos son totalmente financieros para volver a llenar el flujo productivo, además de financiar la operación del negocio, la compra de materia prima y pagar a maquileros; para algunos, almacenar hasta la fecha de entrega, repartir y esperar a que termine el plazo para la cobranza. Si no hay devoluciones, claro. Sí, el reto principal es financiero y ahora toca hacer rendir cada peso invertido al máximo.

En la búsqueda de soluciones, obviamente la costumbre de hacer las cosas siempre de la misma manera impide pensar en si estamos haciendo las cosas bien o no. Hacemos lo mejor que podemos, y no hay tiempo para cuestionamientos más profundos, como indagar si pudiéramos hacer las cosas mejor de otra manera.

Y es que aún después de aprender una mejora, una nueva forma o método, por cualquier pretexto regresamos a hacer las cosas como las realizabamos anteriormente, a pesar de saber que no es la forma idónea de hacerlas. A veces, nos encontramos en esta situación de retroceso. Y el confort de las rutinas nos hace creer que tenemos todo bajo control. Y si, las rutinas tienen su lado bueno (es un aseguramiento), salvo cuando éstas no se actualizan y se convierten en anticuadas, porque entonces aseguran la obsolescencia.

Todos los negocios tienen su forma de operar. Todas las empresas de la confección manufacturan productos similares, pero lo hacen de manera diferente.

Desde el punto de vista del proceso, si dos personas hacen lo mismo, pero de manera diferente, una de las dos lo elabora mejor que la otra: con calidad superior o con menores costos, o en menor tiempo, resultando una mayor productividad, o un mejor servicio, o una mayor satisfacción del cliente y del consumidor final.

E inversamente, aquel que no lo hace tan bien entra en desventaja en comparación con su competencia por los mismos motivos, a causa de la diferencia en su recuperación financiera al final de todo su proceso. Esta persona o empresa no tendrá las mismas utilidades y menos capacidad para hacerse de lo necesario en equipo y tecnología para revertir su situación. Con el tiempo, la brecha que lo separa del primer grupo se irá agrandando.

Como siempre, solo hay unos cuantos punteros, los demás están atrás; es decir, que la necesidad de cambiar para adaptarse es muy grande para la gran mayoría de las empresas.

Muchos son los empresarios que piensan que controlan su proceso porque lo entienden y dominan; pero eso también se llama estatus quo, donde cambiar algo se vuelve prohibido, una mejora innecesaria y riesgosa o perdida de tiempo. “Así es como trabajamos aquí” es el lema. Obvio, los cambios implican cierta pérdida de control. El simple hecho de delegar también lo hace, pero no hay modo de crecer como organización sin realizarlo.

Las empresas han evolucionado mucho en estos últimos años, pero muchas siguen en esta última tesitura, de las que no quieren cambiar buscando la optimización de su operación. En condición de escasez tan aguda de recursos como ahora, cada peso que se deja de gastar en lo que no es estrictamente necesario, permitirá resistir un poco a la falta de dinamismo del mercado y le dará más tiempo de vida a la empresa. Dejar de gastar en lo que no es necesario es un imperativo generador de sobrevivencia. También es muestra de profesionalismo.

Por ejemplo, en la enorme mayoría de las empresas -hablando de la confección de ropa- el costo de la obtención de la calidad requerida por el cliente y su consumidor final es mucho muy alto (en dinero y en tiempo) y es un costo endémico ya; es decir, que está integrado y pertenece a la forma de operar de la organización, y no se cuestiona. Pero, simplemente en este rubro, hay una muy grande oportunidad para reducir drásticamente costos de todo tipo y disminuir el de operación para mejorar su posicionamiento en el mercado. La calidad -el alcance de los requerimientos del cliente- debe darse en forma automática -sistémica. Es tiempo de admitir que los clientes están en su legítimo derecho de recibir la calidad por la cual pagan, tanto como el propio proveedor lo exige a sus proveedores. De nada sirve no reconocerlo.

Muchos se preguntan cómo van a hacer frente a las presiones financieras: las que ya están y las que vienen. Hablando de la ropa, con una oferta que sobrepasa tanto la demanda, los precios no podrán subir. Todos pueden bajar éstos, pero hay sus límites. ¿Podrán/querrán bajar sus precios los proveedores? ¿Podrán convencer a sus maquileros de bajar sus precios? ¿Seremos financieramente viables? Son preguntas de fondo que angustian a más de un fabricante.

La forma más eficaz de contrarrestar el efecto negativo sobre las utilidades de una reducción de los precios de venta, es acortando los ciclos productivos que generarán los resultados financieros. Esto es porque redunda en mayor capacidad de producción con los mismos gastos fijos, y los ahorros generados son directamente proporcionales a la reducción de dichos ciclos, todo sin afectar la elaboración misma de los productos. Además, salvo en algo de tiempo, por lo general no requiere de inversión relevante para lograrse.

La reducción del ciclo de producción se logra básicamente eliminando tiempos perdidos, haciendo procesos en paralelo cuando se pueda; reordenando y reestructurando algunos procesos y controlando la duración de cada uno. También se requiere de una programación que jale la producción, olvidándonos de empujarla.

Según experiencia propia, hay en total un poco más de una docena de formas eficaces para reducir los costos de operación de manera autónoma sin grandes inversiones. No todas tienen el mismo impacto ni demandan los mismos esfuerzos. Por ejemplo, la forma que requiere menos inversión de capital y tiempo para implementarse es la mejora del servicio para los clientes. Esta forma no tiene impacto sobre los precios hacia la baja -más bien tendría a elevarlos- pero es muy significativa cuando genera preferencia por parte del comprador, porque él recibe más por su dinero, más de lo que acostumbra entregar el mercado. Y eso le gusta.

Es difícil hablar del impacto de la crisis sin hablar del recurso humano y de su malestar en la actualidad. La fuerza laboral está padeciendo mucho en sus ingresos, se siente menospreciada y está intranquila. Tener pocos recursos y trabajar sin la seguridad del mañana afecta los ánimos de cualquiera. No están felices y no llegan a trabajar con energía.

En algunos casos, manipular la calidad llega a ser un arma muy poderosa de los trabajadores para manifestar su descontento -al igual que su desprecio por alcanzar los incentivos- y a las empresas les cuesta, más que admitir, entender esta posible situación.

En estos momentos, las compañías están obligadas a tomar medidas drásticas para seguir teniendo presencia en el mercado y continuar abiertas a pesar de todo. La solución en el tema de la gente se parece mucho a la de las terapias de pareja: escuchar, hablar, comunicar, evitar imposiciones, llegar a consensos, etc.

La dirección de la empresa debe entender que, por muy necesarias que sean las medidas que está aplicando, le resulta muy complicado a los mandos medios explicarlas al personal a su cargo, por una parte porque ellos también están afectados y, por otra, porque les falta autoridad para hablar sobre temas como la reducción del trabajo, despidos, etc. Estos son temas que la dirección o gerencia tienen el deber de explicar a los afectados para que la gente los entienda.

Tejer fino, no dejando espacio dónde se podría escapar una posibilidad de hacer las cosas bien. Querer ser el mejor y seguir trabajando en esta dirección, es sin duda una actitud muy recomendable en estos tiempos.