VISIÓN 2020

Por Santiago Macias H*

Estoy seguro, señor empresario, que usted igual que muchos mexicanos tiene una gran incertidumbre de lo que vendrá el próximo año, que además es simbólico: el 20-20. Hoy la incertidumbre parece ser la constante, especialmente en los negocios: hay cambios fiscales importantes (por ejemplo, en el uso de las tarjetas de crédito), hay grandes dudas sobre la inversión nacional y extranjera, y sobre el crecimiento de la economía, preocupación creciente por la inseguridad, entre muchas otras. Sin embargo, debemos reconocer que también tenemos varios factores a favor: baja inflación, tipo de cambio estable y finanzas públicas sanas, entre otras.

Estas condiciones de gran incertidumbre se han presentado varias veces en el pasado. Destaca que a finales del siglo pasado y comienzos de éste se puso de moda realizar estudios de gran visión para el futuro, y en México se realizaron muchos por distintas instituciones entre los que destaca el elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad en 2006 denominado: VISION MEXICO 2020. En su realización participaron prácticamente todas las cúpulas empresariales y las instituciones académicas del país.

Las principales conclusiones de ese estudio fueron:

“Para ser exitosas, las políticas públicas que se instrumenten necesitan trascender períodos sexenales de gobierno, para lo cual es indispensable generar los consensos necesarios que den continuidad a las mismas. Por ello, se propone una Visión México 2020 que establece:

  • Una República totalmente conectada mediante el uso de TIC alrededor del ciudadano.
  • Un país donde los mexicanos participen en la toma de decisiones económicas, políticas, sociales y culturales, por medio del uso de TIC.
  • Una fuerza laboral que esté entre las 20 más productivas del mundo.
  • Empresas y gobiernos innovadores, eficientes e inteligentes que desplieguen sus capacidades a través del uso intensivo de TIC.
  • Un país que se ubique dentro de las 20 economías más competitivas del mundo.”

Lograr esto implicaría tasas de crecimiento promedio de la inversión por población económicamente activa de 5 % anual. Al final esto se traduciría en un PIB por persona doble al actual, o sea de 12 mil quinientos dólares per cápita.

En aquel estudio el IMCO afirmaba que 70 por ciento del cambio requeriría mejoras relacionadas con sólo 4 de los 10 factores de competitividad:

  • Tener gobiernos eficaces y eficientes.
  • Aprovechar productivamente las relaciones internacionales del país.
  • Proveer un sistema de derecho que sea confiable y objetivo que brinde seguridad a las empresas y a las personas.
  • Asegurar la mejora de los índices de inclusión, salud y capital humano del país.

Asimismo, el IMCO señalaba que estos cuatro factores tenían dos ventajas:

  • Primera, ninguno de ellos era particularmente polémico; cada uno cabía fácilmente dentro de la agenda política de los principales partidos políticos.
  • Segunda, todos estos factores dependían en buena medida de la provisión eficiente de servicios por parte del gobierno federal y los gobiernos locales.

A más de 15 años de distancia podemos ver que el diagnóstico sigue siendo muy parecido, tal vez deberíamos agregarle el tema de seguridad que, si bien entonces era muy mencionado, no se le consideraba una limitante para el crecimiento o el desarrollo económico.

Debe destacarse, además, que en el actual gobierno de la cuarta transformación temas como que México esté entre las primeras 20 economías del mundo en productividad y competitividad, o tener gobiernos innovadores, eficientes e inteligentes, no parecen ocupar un lugar importante en la lista de prioridades.

Causa también sorpresa la afirmación de que, en el estudio mencionado, se considera que estos objetivos cabían fácilmente en la agenda de todos los políticos, lo que claramente hoy no es así.

La irrupción de López Obrador en la política mexicana a partir del 2006 ha sin duda cambiado radicalmente las expectativas y realidades de la sociedad mexicana, ha generado nuevas discusiones y enfrentamientos y, por supuesto, una creciente polarización de la sociedad. Hoy con él, en el Gobierno, estos efectos se magnifican.

Sin embargo, no debemos olvidar que al final del día para distribuir riqueza es necesario generarla y que somos uno de los países más abiertos del mundo al comercio internacional, lo que nos obliga a mantener reglas sanas para la competencia interna e instituciones creíbles y eficientes que permitan el intercambio comercial.

Es difícil predecir qué ocurrirá en el año 2020, todo parece indicar que seguiremos con la tendencia de empeorar en materia económica lenta pero inexorablemente, pero también pareciera que los fundamentos macroeconómicos se mantendrán relativamente estables.

Señor empresario cuando hay tormenta muchos prefieren guardar su barco y no correr riesgos; pero algunos los toman y salen a pescar y, es precisamente en las aguas turbulentas, donde se encuentran las mejores oportunidades. No se trata de ser irresponsable pero tampoco temeroso, tome los riesgos bien evaluados y continúe con su negocio; 2020 puede ser un gran año para los que se arriesguen un poco.

*Santiago Macias H.
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