LA SUERTE NO EXISTE

 

Charles Pépin*

Con frecuencia se oye decir de algunos qué están felices en el amor, que se realizan en su trabajo y que se sienten plenos y gozan de su vida, que “tienen suerte”. Es una expresión exasperante que esconde el talento, trabajo, riesgo y desresponsabiliza a aquellos que tuvieron la audacia de ir a la conquista de la realidad. ¿La realidad? Lo que han hecho y obtenido, lo que han intentado o arriesgado, no es esta supuesta suerte que no es más que una interpretación subjetiva de la realidad.

No “tienen suerte”. Buscaron una oportunidad, lo que no tiene nada que ver. No provocaron la suerte. Se provocaron a ellos mismos. Provocaron su talento a la hora de tomar un riesgo el día en que dejaron de repetir lo que ya sabían hacer. Este día conocieron el gozo de salir de lo repetido: es a la vida a la que provocaron, esta vida cuya esencia es, según Bergson, creatividad, no alguna divinidad o casualidad superior que se llame Suerte. Claro que puede ser tentador decirse que uno tiene suerte. En términos de autoestima, verse como suertudo es más bien algo bueno. Pero cuidado con el contragolpe porque el día en que gira la rueda de la fortuna, arriesgan acusar el golpe.

No se puede provocar “la suerte” pero, lo que si podemos provocar, es el surgimiento de las oportunidades. Empezando con salir del confort de la costumbre. Después: dejar de someterse a las pseudo verdades -paradigmas- vengan de donde vengan. Si quiere pasar a la acción, encontrará siempre en su derredor más gente para asegurarle que es imposible, que es lo contrario. Y tendrán tanta imaginación para animarle a no hacer nada como la que les hace falta para emprender lo que sea. Finalmente: estar atento. Acechar la aparición de lo que los Griegos llamaban kairos: la ocasión favorable, el momento oportuno. Kairos era un dios calvo dotado, sin embargo, de una pequeña cola de caballo. Difícil de sujetar entonces porque la mano resbalaba sobre su cráneo. Difícil, más no imposible: Hay que atinarle y no fallarle a esta colita de caballo. Sin embargo, esta visión se aprende, nos dice Aristóteles. Es el fruto de la experiencia. Pero esta última puede liberar como encerrar. Todo dependerá entonces de la relación entre lo que tenemos y lo que sabemos o dominamos.

Podemos, afirmaba Nietzsche, enfrentar nuestro saber con un corazón de artista o bien con un alma friolenta. Si le tenemos miedo a la vida, entonces encontraremos siempre en nuestra experiencia o competencia con que justificar nuestro inmovilismo. Pero, si es el instinto creador él que nos guia, si es en el artista en lo que nos transformamos, entonces encontraremos miles de razones por atrevernos a saltar hacia lo desconocido. Y cuando lo desconocido nos sea familiar, cuando en este mundo nuevo nos sintamos como en casa, los demás dirán que “tenemos suerte”. Sugiriendo así que esta Suerte cae del cielo y que los ha olvidado. Y seguirán sin intentar nada.


Charles Pépin es escritor  y conferencista sobre temas de filosofía práctica y existencial y columnista de “Psychologies Magazine” (junio 2016). Traducción: Jean Flouret