La Industria Maquiladora de la Confección mexicana, una historia de altibajos

Los fundadores de la Industria maquiladora fueron personas que visualizaron este gran proyecto con beneficios económicos y generación de empleos a México en los años sesentas al término del ‘programa bracero’. La cancelación de dicho programa derramó en el país un excedente de mano de obra; dada esta situación, se permitió a empresas extranjeras el establecimiento de plantas ensambladoras - intensivas en el uso de mano de obra-, en la frontera norte del país

El gobierno de aquel entonces tuvo a bien autorizar el llamado Programa Nacional Fronterizo (Pronaf), cuyo primer director fue don Antonio J. Bermúdez que, por mandato del secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, comenzó por modernizar las fronteras y ofreció beneficios fiscales a compañías extranjeras para que se instalaran en Parques Industriales de México.

Entre 1961 a 1964 en Piedras Negras, Coahuila, se empezaron a abrir varias de las primeras compañías. Para diciembre de 1965 ya estaban ubicadas en el país doce empresas con 3,067 empleados.

El 18 de mayo de 1965 se firmó la autorización de la Ley de Concesión en base al reglamento X del Código Aduanero, donde se establecía que el 100% de los productos se tenían que regresar a los Estados Unidos o cualquier otro país de origen; en aquel entonces aplicaba únicamente a la frontera.

La Industria Maquiladora de la Confección en especifico, inció por ahí de 1965. Desde sus inicios en México, la maquila ha enfrentado diferentes altibajos debido a los cambios que enfrentaron las economías mundiales. A partir de los sesenta hasta mediados de los setenta la maquila iba en constante ascenso pero se vio detenida por el efecto de la crisis internacional de energéticos en la economía norteamericana, que contrajo las inversiones al exterior y se manifestó de igual manera en las plantas establecidas en México. Para finales de esa misma década, se dio de nuevo un repunte debido al atractivo para invertir que reflejaba la economía mexicana, y la necesidad de la economía América para abaratar sus costos. Para 1980 existían 620 maquiladoras que le daban empleo a 120 mil personas.

A partir de los años 80 la Industria maquiladora de la confección se consolidó como una de las actividades más productivas del país y se disperso por varios estados de la República.

Para la década de los 90 se vino cierta incertidumbre debido a lo que acontecería por la firma del tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Al entrar en vigor dicho tratado en 1994 hubo más movimiento comercial, lo que se tradujo en la llegada de más maquiladoras extranjeras a México. Hubo miles de nuevos empleos y un crecimiento espectacular de las exportaciones. México llegó a ocupar el primer lugar en la lista de países exportadores de prendas de vestir a los Estados Unidos. 

Nuestro país, a finales del siglo XX y bajo el impulso del Tratado de Libre Comercio para América del Norte TLCAN (Anexo 300B3) y del Acuerdo sobre Textiles y del Vestido ATV, producto de la Ronda de Uruguay del GATT, se inicia el boom de esta actividad. Dos son los indicadores más sobresalientes: el crecimiento de las exportaciones y la creación de nuevos empleos.

Sin embargo, la desaceleración de la economía norteamericana en octubre-noviembre del 2000 cambió a jirones completos esos escenarios.

A partir de marzo del 2001, la contracción de la producción era un hecho en todo nuestro país. Cierre de plantas y paros técnicos, generaron adelgazamientos de las plantillas.

Cuando la demanda norteamericana dió algunos signos de recuperación en la primavera del 2002, tuvimos enfrente nuevos escenarios; por una parte, el restablecimiento de las cuotas de producción tuvieron cambios relacionados a reubicaciones de plantas maquiladoras en la región, nuevas integraciones con el segmento informal y las relaciones laborales ingresaron a una nueva fase donde se restablecieron los niveles de intensidad, extensión de la jornada de trabajo y los criterios de calidad en el desempeño; pero los salarios no se recuperaron, en términos globales los costos promedio descendieron un 25%.

La maquila clandestina destinda a desparecer ahora apareció revitalizada, mostrando su valor como estructura flexible ante el nuevo contexto. 

Ya para 2010, el sector experimentó un fuerte crecimiento y el número de empleados tambien aumentó. “Al cierre de 2016, la exportaciones directas de bienes confeccionados a los Estados Unidos de Norteamérica alcanzaron, una cifra cercana a los 4 mil 750 millones de dólares anuales y eran la fuente de empleo para cerca de 150 mil trabajadores de nuestro sector”… (Cita de José Manuel Martínez Cabrera, EL TRATADO DE LIBRE COMERCIO DE AMERICA DEL NORTE, NO. 81 REV. MEXCOSTURA)

Sin embargo, se encendieron las alarmas cuando Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos con la promesa de renegociar o incluso abandonar el TLCAN, que desde 1994 une a su país con México y Canadá en una zona de libre comercio. La incertidumbre ante la revisión del TLCAN comenzó a tener sus efectos y algunas compañías decidieron poner pausa en sus planes de inversión.

Otro punto que ha tenido en alerta a la Industria Maquiladora mexicana es la propuesta del Partido Republicano de Trump de implementar un impuesto fronterizo conocido como “Border Adjustment Tax” (BAT). Esa iniciativa, busca fomentar las exportaciones estadounidenses y desalentar las importaciones extranjeras, desgravando las primeras y cargando con impuestos las segundas. Es la medida que preocupa más porque la gran mayoría de la manufactura nacional va hacia Estados Unidos, considerando que lógicamente algunas fábricas dejarían de manufacturar en países como México o China para regresar a Estados Unidos.

La carta está en el aire y el panorama aún continua incierto en materia de la Industria Maquiladora en general y especial la de la Confección. Esperemos que mejoren las expectativas.